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Cuaderno de viaje , construyendo puentes que nos abran los corazones y nos sincronicemos con la energía primordial de la Tierra. El retorno de la libertad completada.

lunes, 9 de junio de 2014

Y era la más hermosas que vivía en una cueva.





Imagina una mujer que cree que es justo y bueno ser mujer una mujer que honra su experiencia

y cuenta sus historias que se niega a cargar con los pecados de otros en su cuerpo y en su vida.



Imagínate a esa mujer, se llamaba Manuela, Helena, Paz, Virtudes, Pastora, Adela.

Esa mujer se llamaba Asunción, Rosario y María.

Se llamaba Patricia, Eva, Sario.

Se llamaba Gaia, Edelmira, Delia.

Se llamaba Montaña y siempre estaba despierta.



Sus horas pasaban con la agonía de una muerte lenta.



Durante el silencio , la vestían de oro su Santo.

Volvían las abuelas en silencio, después de tantos años...



Volvían a vestirle de oro.

Bajo el junco, con la brea y el tarai, todo junto, bajo la hoguera, sobre la mula y en la acequia.



Se oye el recuerdo de quién quisiera morir en el intento.

Como quisiera quererte menos y más oscuro quisiera quererte lento.



Así de locos sueños y amarte lento, me acariciaba el pelo mientras escuchaba a mis abuelas.

Esa que tanto llanto derramara oyendo un canto desesperando.



Tristes acequias de romero, tomillo y brevas. muchas brevas, bajo la acequia, escondida.

Bajo el olivo esquizofrenia al escuchar tu canto.



Pelando ajos, recuerdo el día que me llamaron, estaba en clase.

Tenía un asesoramiento técnico. No era importante.

Sólo esperaba que sólo tú me habías querido.



¿Donde estabas cuando me perdí en el río?.



Bajaba lenta, agazapada, tiritando de frío.

En ese río que había donde reposaban los álamos del tataratatara abuelo Ramón.

Debajo del molino encontré una piedra, una piedra redonda, una piedra de río.

Me la metí en la boca y la chupé.



No me gustó.

Dentro de una alforja me colé, quería saber a donde iban las abuelas.

Bajo la luna, bajo los ríos, bajo los olivos.

Y allí te encontré. Debajo del romero florecido.

Solo el tiempo, sólo el viento, solo el color de tu pelo negro cuando me miras.

Amo a un ser muerto.



Ahora vas y me lees.



Y juagaba sobre un dolmen, y tiraba chinas y puntas de flechas, siendo como era troglodita.



Luego bailaba, jugaba y pelaba ajos...



Me encantaba ir los sábados al mercado, oliendo a mar.

Un mercado sin mar no tiene chicha, no hay color, falta el olor a mar.

Estabas en mi vientre y no lo podía evitar, me metía en el mercado del pescado,

quería saber que era eso de vomitar....



Desde que el agua es libre, jazmines han llorado.

Entre los olivos nadie vio lo que te quise.



Y una y otra vez ; yo no comprendo la herida que deja tu orgullo.

Una y otra vez, cuando llegas a mí ya estás muerto.



No quiero más muertos.

Cuando tú vuelvas, yo ya estaré volando más alto, con mi boca sobre tu cuerpo.



Andaba descalza,  en la cala no había nadie, nadie que pudiera verme. La conocía palmo a palmo.



 Llevaba cuatro lunas allí agazapada, no quería salir.

Me estaba curando, bajo las olas, bajo el altar de piedras, en mi esencia.



Ampurias estaba rabiosa, las olas no paraban, el viento me agitaba, pero estaba desnuda,

y el mar calló, las olas dejaron de bailar y deseé volver  con las olas de nuevo.



Prometí a la luna, alguna vez, que no bailaría de nuevo.

Y el mar calló. No dijo nada, y le devolví la vida.

Le entregué mi alma de nuevo.













Y era la más hermosas que dormía en una cueva.






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