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Cuaderno de viaje , construyendo puentes que nos abran los corazones y nos sincronicemos con la energía primordial de la Tierra. El retorno de la libertad completada.

sábado, 7 de junio de 2014

Almazuela Proyectos culturales flamencos: Morir de amor

Me gusta morir



Siempre fui un poco puta.

Pero de ahí a que alguien me lo diga , va un trecho.

Recuerdo un domingo cuando salía de la iglesia.

Aquellas señoras como cuchicheaban detrás de sus largos bigotes.

-Mírala, es una buena chica, hermosa y fresca como una lavanda.



-Igual que su abuela, la loca y alegre María.



Yo también me llamo María.

- Debería casarse ya, con un buen hombre que la mantenga y no la deje morir en el olvido.



Fue entonces cuando conocí a María. La bella y dulce María, que murió.

Que murió ahogada en la pena y el olvido.

Que murió y que sigue bagando por el río.



Aquel domingo bajé al pantano.

Estaba enmollecida,  hay pocas cosas que hacer en un pueblo con pantano.



Así que me alejé y fui a buscar a María.



Mi padre me había contado una historia.

El contaba que debajo del pantano se escondía parte del pueblo.

Me explicó como en la época de sequía era posible ver alguno de los tejados,

que habían quedado sepultados.

También me habló de la existencia de una fuente.



Estaba segura que allí estaba María.

Jugando con sus hijos, Montaña y Juan, los niños muertos.



Así que en dos zancadas y atravesando entre los toros me planté.



Allí estaba, en mitad de la sierra, sola, rodeada de toros, lunas y sierras.



Allí estaba sentada mi abuela María, allí me esperaba , escondida.



Era una niña, como yo, o una mujer, como yo.



Hablaba poco, pero bailaba, bailaba entre las aguas.

Jugando con sus niños muertos.



Con ella estaban





 más, más y más.



No digo que fuese valiente, ni hermoso, ni nada.

la busqué y allí estaba.








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